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dilluns, 27 d’octubre de 2014

En el enjambre

d'aquí

Hablar de clase solo tiene sentido dentro de una pluralidad de clases. Y lo cierto es que la multitud es la única clase. Pertenecen a ella todos los que participan en el sistema capitalista. El imperio global no es ninguna clase dominante que explote a la multitud, pues hoy cada uno se explota a sí mismo, y se figura que vive en la libertad. (p. 31)
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La política como acción estratégica necesita un poder de la información, a saber, una soberanía sobre la producción y distribución de la información. En consecuencia, no puede renunciar por completo a aquellos espacios cerrados en los que se retiene información de manera consciente. La confidencialidad pertenece con necesidad a la comunicación política, es decir, estratégica. Si todo se hace público sin mediación alguna, la política ineludiblemente pierde aliento, actúa a corto plazo y se diluye en pura charlatanería. La transparencia total impone a la comunicación política una temporalidad que hace imposible una planificación lenta, a largo plazo. Ya no es posible dejar que las cosas maduren. (p. 36)
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Las imágenes, que representan una realidad optimizada en cuanto reproducciones, aniquilan precisamente el originario valor icónico de la imagen. Son hechas rehenes por parte de lo real. Por eso hoy, a pesar de, o precisamente por el diluvio de imágenes, somos iconoclastas. Las imágenes hechas consumibles destruyen la especial semántica y poética de la imagen, que no es más que mera copia de lo real. Las imágenes son domesticadas en cuanto se hacen consumibles. Esta domesticación de las imágenes hace desaparecer su locura. Así son privadas de su verdad. (p. 50)
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La palabra "digital" refiere al dedo (digitas), que ante todo cuenta. La cultura digital descansa en los dedos que cuentan. Historia, en cambio, es narración. Ella no cuenta. Contar es una categoría poshistórica. Ni los tweets ni las informaciones se cuentan para dar lugar a una narración. Tampoco la timeline (línea del tiempo) narra ninguna historia de la vida, ninguna biografía. Es aditiva y no narrativa. El hombre digital digita en el sentido de que cuenta y calcula constantemente. Lo digital absolutiza el número y el contar. También los amigos de Facebook son, ante todo, contados. La amistad, por el contrario, es una narración. La época digital totaliza lo aditivo, el contar y lo numerable. Incluso las inclinaciones se cuentan en forma de "me gusta". Lo narrativo pierde importancia considerablemente. Hoy todo se hace numerable, para poder transformarlo en el lenguaje del rendimiento y de la eficiencia. Así, hoy deja de ser todo lo que no puede contarse numéricamente. (p. 60)

L'eixam digital que aïlla els individus i no té ànima. "La hipercomunicació digital destrueix el silenci que necessita l'ànima per a reflexionar i ser ella mateixa." Tot és soroll. "El psicopoder és més eficient que el biopoder, perquè vigila, controla i mou els homes no de fora estant, sinó des de dins."

Byung-Chul Han. En el enjambre. Barcelona, 2014. Herder.

Catalogació: acostumo a llegir amb un tac de post-its al costat, més que res perquè, amb els anys, em fa més angúnia guixar els llibres. El mal del llibret (aquest 109 pàgines) del professor de Filosofia i Estudis Culturals de la Universitat de les Arts de Berlín, és que tot és susceptible de ser marcat. O sigui que, seguirem la petjada al metal·lúrgic coreà.

1 comentari:

  1. És un d'aquells textos que resulten més entenedors en català. Sobretot per estalviar-nos la confusió entre contar i contar; entre conte i compte. I coi quins reblons clava el coreà, quines martellades!

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ràpid, que el món s'acaba!