Mai he volgut estar a casa per força.
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Res, que fa dies que la meva vida s'ha desproveït d'èpica i no ho porto gaire bé.
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"No pensen vostés que aquest és el meu primer dietari. A diferència de quan vaig començar a fer articles d'opinió, tinc una experiència prèvia com a dietarista. He publicat tres quaderns en una petita editorial d'una associació cultural que recullen les meues inquietuds durant l'estiu de 1987, els primers noranta i el 2001. tres dècades diferents per a una mirada que continua sent ingènua i innocent en el bon sentit de la paraula. Ara m'abellix mirar-me de nou en l'espill i desxifrar el mapa que el pas del temps m'ha dibuixat en el rostre."
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... todavía en 1990, casi dos de cada cinco austriacos pensaba que su país había sido víctima y no cómplice de Hitler, y el 43 por ciento creía que el nazismo "había tenido cosas buenas y malas"- no hacía sino confimar sus prejuícios y los ajenos.
En un conocido chiste de la era soviética, un oyente llama a Radio Armenia para hacer una pregunta: "¿Es posible predecir el futuro?" Respuesta: "Sí, no hay problema. Sabemos exactamente cómo será el futuro. Nuestro problema es el pasado: que siempre está cambiando.
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"Tener compasión con los otros hombres, sin distinguir entre familiar y exraño; aspirar siempre a salvarlos a todos sin diferencias, y en ello no pensar nnca en el propio beneficio, ni mundano ni supramundano; aunque los otros no lo sepan y no muestren ninguna gratitud, simplemente hacer bien a los demàs, y nunca dar a conocer a los otros lo que abrigáis de bueno en el corazón. (Dôgen, Shôbôgenzô Zuimonki)
La afabilidad arcaica es opuesta en muchos aspectos a la idea aristotélica del amigo. El lugar de origen de esta amabilidad no es en primer lugar la "casa". En efecto, el arcaicamente amistoso no habita en ninguna parte, no se orienta por la casa (oikos), que sería el lugar de la propiedad de la posesión, o el lugar de la interioridad. Trasciende toda administración "doméstica", es decir, toda economía del intercambio o de la equivalencia. Es el amigo desinteriorizado, expropiado de todos los entes. Es afable no solo con los otros hombres, sino también con con cada ente.
Tampoco el amor cristiano al enemigo está libre de la economía. La exigencia de dar unilateralmente, sin pedir nada a cambio, va unida a una economía sagrada. Se espera, en efecto, una retribución divina ..."